Monday, April 27, 2009

Arena en mi Cerebro

Aquí estoy, tirado en la arena.

Por sangre lo que tengo es ponche de frutas y por hígado un peñón.

Miro a las estrellas, oigo el bullicio. "¿Por qué?", me pregunto. Son las dos de la mañana. Mi cerebro me recuerda que es el último día de un jolgorio ahí.

A la distancia, oigo una discusión. Me reincorporo. Me importa. Intervengo. La adrenalina en otros se dispara. Puño va y puño viene. Me duelen las manos y me arde la cara.

Alguien se resopla la naríz y se saca un poquito de sangre. Me dice: "¿Me sacas de aquí? Yo me quiero ir." Acepto.

Un automóvil se enciende y todo queda atrás. Minutos más tarde, se cambia la ruta. ¿Tu casa? No. ¿La mía? Tampoco.

El sol ya molesta y el tripas practican su sinfonía. El amoreteado se quedó dormido a mi lado con un poquito de sangre seca en la naríz y sus bonitos labios rojos por el impacto.

Se habla muy poco el resto del día.

Se tiene el automóvil. Otra playa, desierta por cierto, para mi sorpresa es lo que encuentro. Nos acompaña un empleado del gobierno, que, a juzgar por su apariencia, será cesanteado muy pronto.

Llego a mi casa después de un día de 38 horas. Me siento satisfecho y contento.

Tengo conmigo el peculiar olor a bloqueador solar de Walgreens pero mi toalla huele a ti. Y aunque tengo los nudillos pelados, me duelen las manos y me arde la cara, estoy contento.

¿Por qué tú me haces tan feliz?

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